Sep. 13th, 2006

Zorros

Heridos de guerra

Otra historia del lineage. Totalmente verídica. Salvo la parte en la que me invento cosas:


Era una tarde agradable en el continente. Me dirigía a ayudar a los compañeros de clan a sacar materiales de Giant Cave, cuando a mitad de camino me encuentro a un Ryknow agotado hasta la extenuación. En su espalda iba Dyrek, incosciente, o eso quise creer. Ryknow me dijo que no había tiempo para explicaciones. Me pidió que cargara con Dyrek mientras él seguía aplicándole el poder que su diosa le otorgaba. Avanzamos todo lo rápido que pudimos hasta la casa del clan gritando que nos asistiera un curandero. La única que apareció fue Hertrudis que iba acompañada de Caraperro. Hertrudis echó un rápido vistazo al cuerpo de Dyrek y luego nos miró con asombro -¡su alma está a punto de abandonarle!- dijo muy alarmada y, por el aspecto de Dyrek, supuse que debía de ser cierto.

Aunque su armadura se había llevado la peor parte, el cuerpo de Dyrek mostraba cortes profundos y magulladuras de tonos púrpuras por todas partes. También habían heridas de perforación por proyectil, aunque no tenía ninguna flecha clavada en el cuerpo. Ryknow se dejó caer sobre una silla - intenté sanarle tanto como pude pero las heridas eran muchas y muy profundas... cuando me di cuenta de que iba a morir le quité todas las flechas que le habían alcanzado y empecé a salmodiar los hechizos de curación que conocía para mantener su alma junto a su cuerpo - trato de recuperar el aliento. Su aspecto no era mucho mejor que el Dyrek pero aguantaba el dolor estóicamente - pensé que sería mejor librarle de las flechas para que, en el viaje de vuelta, las heridas no se agravaran con el movimiento - Hertrudis asintió con aire experto. Esta no sería una tarea fácil para ella.
En el clan habían curanderos más poderosos que ella pero todos se encontraban fuera, resolviendo sus propios asuntos. Pensaron que ella se podría encargar de las pocas heridas que pudieran tener los miembros del clan ya que había sido una temporada bastante tranquila. Además, todavía estaba Dyrek, el más esperto de todos. Por lo que me había contado Hertrudis, el hechizo de unir almas era algo que apenas había practicado y que no pensaba usar en mucho tiempo. Se maldijo a sí misma en voz baja, una clara evidencia de que hubiera preferido tener más experiencia antes de practicarlo.

Sin embargo, se portó como una profesional. Reunió algunos bálsamos curativos y empezó a dar órdenes a todos de manera contundente. Cuando todo estuvo listo se dirigió a Caraperro - necesito tu ayuda. Voy a atar el alma de Dyrek a su cuerpo pero tal como está, cuando lo haga y despierte, sentirá un dolor atroz. Debes dormirle para que sienta el menor dolor posible - Caraperro asintió con gesto grave, cerró los ojos para concentrarse y empezó a susurrar unas palabras en un idioma desconocido. Apoyó un dedo sobre la frente de Dyrek y le dijo a Hertrudis que estaba listo. Ella maldijo una vez más y empezó a recitar las palabras del hechizo.

El cuerpo de Dyrek empezó a convulsionarse sobre la mesa. Empecé a creer que algo iba mal y me sentía impotente por no poder ayudarle en nada. Un haz de luz salió directa de las manos de Hertrudis al pecho de Dyrek, que se elevó como si hubiera sido impactado. Abrió sus ojos de golpe, mirando a todos lados como si fuera la primera vez que respiraba después de mucho tiempo. Durante un segundo, su cuerpo empezó a enviar todo tipo de señales avisando del estado en el que se encontraba; un segundo donde los ojos de Dyrek mostraron la tortura que estaba sufriendo. Caraperro empujó con delicadeza la frente de Dyrek y este calló en un profundo sueño. Hertrudis respiró aliviada - parece que ha funcionado - dijo con un suspiro.

Poco tiempo después Ryknow había curado sus propias heridas y Dyrek descansaba plácidamente en su habitación, bajo la supervisión de Hertrudis. Le pedimos a Ryknow que nos contara qué es lo que había ocurrido, qué clase de monstruo había conseguido alcanzar de tal forma a Dyrek y como es que ninguno había podido acudir en su auxilio. Ryknow nos miró serio y nego con la cabeza - No fue ningún monstruo. Nosotros estábamos matando a esas criaturas endemoniadas cuando de la nada aparecieron más de cincuenta hombres, todos portando un estandarte amarillo - hizo una pausa para tranquilizarse. Sus nudillos se habían puesto blancos de lo fuerte que tenía apretado el puño - entre sus filas se encontraban algunos guerreros que estaban en busca y captura. Ese fue uno de los motivos por lo que supe que esto no acabaría bien - Caraperro, que se había quedado a escuchar el relato, nos informó que los del estandarte amarillo eran conocidos como xinos y se habían hecho con el poder de casi todos los castillos del contiente a base de fuerza bruta. Ryknow asintió -empezaron con sus burlas, tratando de mostrarse superiores. Nosotros no les hicimos caso y eso pareció herirles en el orgullo por lo que empezaron a lanzar pequeños ataques fallidos. La situación se fue agravando hasta que decidimos marcharnos, momento en el cual atacaron salvajemente a Dyrek. En medio de la batalla que se formó, yo me llevé a Dyrek para tratar de sanarlo mientras que los demás se quedaron. Atae fue la que nos cubrió. Con su habilidad plantó cara a todos los xinos mientras los demás conseguíamos salir de allí - de repente, el relato de Ryknow fue interrumpido por un alboroto enorme en el exterior. Todos salimos para saber que pasaba cuando vimos a Braverock entrar como una tromba gritando "¡dónde está dyrek! ¡mataré a todos los bastardos que le hayan tocado un solo pelo!"

~FIN~
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Jul. 13th, 2006

Zorros

Cuando arde bajo mi piel

Cuando arde bajo mi piel todo deja de existir. Las palabras se consumen antes de salir de la boca, los sonidos se evaporan en el aire. El mundo se convierte en una imagen borrosa, sin sentido, llena de horribles sombras.

Cuando arde bajo mi piel mi pecho estalla en llamas que suben por mi garganta. Los sentimientos se convierten en alimento de ese fuego, no quedará de ellos más que polvorienta ceniza.

Cuando arde bajo mi piel los músculos se hinchan, los tendones se tensan, la sangre hierve. No siento dolor al golpear ni al ser golpeado. Las heridas dejan de tener importancia, el monstruo apenas ve através de la neblina rojiza que cubre sus ojos, vive por instinto, siente por instinto.

Cuando arde bajo mi piel dejo de ser yo. Clamo venganza al infierno que me inunda con sus llamas, clamo venganza al cielo que me condena a esta existencia.

Cuando dejo de ser yo todo lo que existió pierde sentido.


~FIN~

Jun. 9th, 2006

Zorros

Historias de Oriente

La primera vez que vi a mi maestro fue cuando apenas era un niño. La guerra había arrasado el pueblo donde yo vivía y mi maestro me encontró andando solo por el camino. Mi ropa manchada de hollín y mis lágrimas le dieron todas las respuestas que necesitaba. Me dio la mano y durante todo el viaje no la soltó.

Mi maestro no era un luchador, como todo el mundo creía, mi maestro era un artista. Si tuviera que describir la manera de combatir de mi maestro con una sola palabra sería viento. Sus movimentos eran tan fluídos como el de las nubes en el cielo. Cuando había un obstáculo en su camino no chocaba contra él sino que lo rodeaba hasta cubrirlo como el agua de los ríos. Nunca golpeaba a nadie, eran sus propios enemigos los que acaban haciéndose daño ellos mismos ya que es imposible golpear lo que no se puede tocar.

Fue apenas cinco años más tarde cuando le vi combatir por primera vez. Los golpes de sus adversarios parecían escurrirse sobre su piel de manera que era imposible tocarle. El combate terminó porque sus adversarios se rindieron ante tanto talento. Cuando bajó del terreno de lucha le pregunté si algún día me enseñaría a pelear así y el me dijo lo siguiente: "Todavía eres muy joven e impulsivo". Intenté convencerle varias veces a lo largo de un año pero él siempre guardó silencio.

Una tarde, mientras hacía mis tareas encontré a mi maestro sentado, mirando el estanque de las carpas. Al pasar a su lado el me llamó:
- Fei Yan, siéntate a mi lado - dijo dando pequeños golpes en la madera. Yo dejé lo que tenía entre manos y me senté. Las carpas se movían dentro del estanque persiguiéndose las unas a las otras y brillando bajo el sol del ocaso. Tras unos minutos de silencio mi maestro volvió a hablar - Fei Yan ¿qué ves? -. Miré al frente, las carpas seguían con su juego y sobre el agua estaba nuestro reflejo - Te veo a ti, maestro, y a mí a tu lado - contesté rápidamente. Él sonrió - Todavía te queda mucho por aprender - tras decir esto se levantó y salió del lugar.

Durante varias noches pensé la respuesta a la pregunta. Habían muchas cosas que ver: las carpas jugando en el agua, los árboles bailando con el viento, el sol acariciando las montañas... no sabía qué respuesta esperaba de mí. La primavera dio paso al verano y éste al otoño y la caída de las hojas de los árboles. En cada cambio de estación mi maestro me volvía a hacer la misma pregunta y mi respuesta nunca era la correcta. Hablé del sol de la mañana, de los pájaros que cruzaban el cielo, hablé de las gotas de lluvia que acariciaban la tierra, de los almendros en flor,... nada de esto era una respuesta válida para mi maestro.

Una noche salí fuera del calor del hogar frustrado por no encontrar la respuesta a una pregunta tan simple. Me senté en la hierba húmeda y contemplé las estrellas durante largo rato. Cuando empecé a dar cabezadas de sueño un sonido me despertó. Era semejante al de una espada cortando el viento, solo que más suave, más natural. Más que un corte, parecía un saludo entre el viento y otro ser. Traté de seguir el sonido y éste me guió hasta el patio del hogar. Ahí estaba mi maestro, practicando su arte y danzando con el viento. Era él el que producía ese sonido. Verlo entrenar era como mirar las nubes desplazarse por el cielo; era como escuchar el sonido de un arroyo. Parecía que él debía estar ahí, que formaba parte del paisaje. Cuando terminó su entrenamiento se dirigió hacia mí, se sentó y me hizo una seña para que hiciera lo mismo. A su lado contemplé la luna y las estrellas y como bañaban todo el paisaje. Mi maestro volvió a preguntar "¿qué ves?". Cerré los ojos. Todo era negro aunque algo de luz entraba a través de mis párpados. Al poco tiempo empecé a oír algo. Parecía un animal removiendo la tierra a pocos metros de distancia. Sí, era eso, un ratón. Era el mismo ratón que había perseguido en verano y ahora parecía que no estaba solo, debía de tener crías. Al instante sentí el viento de la noche sobre mi piel. Era frío y traía aromas de nieve, avisando del invierno. Pude saborear el olor de la comida que se preparaba en la cocina. Cuando abrí los ojos tenía la respuesta que llevaba tanto tiempo buscando. - Todo - dijeron mis labios en un susurro. Me sorprendía lo simple que era la respuesta y más aún me sorprendieron las palabras de mi maestro - Ahora ya estás preparado para aprender mi arte -.

~FIN~

May. 5th, 2006

Zorros

La caza del zorro

Esta historia está basada en hechos reales. Tanto los personajes como la situación ocurrieron durante una partida en el LineAgeII:

- ¡Detente Wailor! - Gritó Dyrek, pero ya era demasiado tarde. La energía se estaba concentrando en mis puños y no podía disiparla. La bola de energía salió disparada como un rayo hacia uno de los Staccato Soldiers que cayó hacia atrás. Los otros dos se dieron la vuelta y nos miraron con odio. Empezó la lucha a vida o muerte. Salté sobre el Staccato que había derribado para clavarle las garras pero éste se impulsó hacia atrás. Oí la voz de Dyrek murmurando un hechizo, uno de los Staccato Soldiers se quedó paralizado, el otro vino a por mí.

La magia que Dyrek había usado sobre mí todavía continuaba circulando sobre mi cuerpo por lo que mis movimientos eran más rápidos y más fuertes. Un golpe, dos... el primer Staccato cayó muerto. Todavía quedaban dos. El segundo que no había sido paralizado no perdió la oportunidad. Con sus garras y sus colmillos empezó a atacarme en una danza frenética. Varias heridas profundas se fueron abriendo sobre mi piel. Sentía como perdía sangre por minutos y solo podía arremeter contra el Staccato cuando veía un hueco en su loco ataque. De la nada apareció Dyrek, detrás del Staccato, empuñando su tridente. Movió una de sus manos que empezó a brillar y la dirigió hacia mí. Un calor reconfortante empezó a circular por mi cuerpo. Las heridas empezaron a cerrarse y la fuerza a volver. Invoqué la fuerza de Paagario con un grito de guerra y me lancé sobre el Staccato. Solo quedaron restos humeantes en el suelo.

Acabar con el paralizado no sería difícil. En su cara se mostró una expresión de horror cuando nos acercamos ya que era consciente de que no sobreviviría. Sin embargo Dyrek habló - déjalo, ya tengo suficientes cabezas - bajé las garras y golpeé al Staccato con el puño para dejarlo incosciente en el suelo.

- ¿Hacia dónde nos dirigimos ahora? - le pregunté a Dyrek.

- A Wasteland. Pero quizá será mejor descansar. Los enemigos ahí son muy peligrosos.

- El peligro es parte de mi vida. Paagario no me perdonaría que evitara el combate - Dyrek pareció estar de acuerdo por lo que empezamos el viaje desde Cruma hasta Wasteland.

Para mí era una tierra desconocida. Había oído historias de que se trataba de un desierto extenso donde las criaturas eran hostiles. Nos encontrábamos cerca de Ruins of Dispair preguntándonos cuál era la mejor ruta que coger.

- Debemos evitar el camino que pasa por Ant Nest - dijo Dyrek

- Quizá podamos ir por las montañas de los alrededores - respondí yo.

- Probemos a ver -.

Empezamos un ascenso por un lado del camino, subiendo montañas imposibles con gran esfuerzo. No habíamos avanzado ni la mitad del camino cuando un desprendimiento nos bloqueó el camino. No quedó más remedio que ir por el camino de Ant Nest.

Golpe tras golpe fuimos avanzando.A cada paso que dábamos nos aparecían nuevos enemigos. Nuestras reservas de magia y vida se iban gastando y los enemigos no parecían tener fin. Al final el amplio desierto se mostró ante nosotros. Una basta extensión de arena casi roja como el fuego se extendía hacia el horizonte. Golems negros como un tizón se removían inquietos bajo el sol, Ants Soldados removían la tierra en busca de comida, unas criaturas conocidas como Tyrans limpiaban sus patas sobre las escasas rocas del lugar. Dyrek señaló a los Ants - necesito 10 cabezas de esos -.

Llegar hasta ellos no era fácil, teníamos que mantener las distancias respecto a las otras criaturas ya que se volverían completamente agresivos si nos llegaban a ver u oler. Poco a poco fuimos acabando con esos Ants. La estrategia fue la misma que antes: Dyrek los paralizaba y yo los machacaba. Después de largas horas y bajo el intenso sol, habíamos conseguido las 10 cabezas. El equipaje de Dyrek estaba a punto de reventar con tanto resto de cadáver.

- Por hoy es suficiente - dijo Dyrek - volvamos a Dion.

- ¿Has terminado ya? - le pregunté

- No, apenas es el principicio de mi misión pero me alegro de que me hayas ayudado

- Cuenta conmigo para lo que quieras - le dije - cualquier criatura de éstas que enviemos al infierno es una ofrenda para Paagario. Mi Dios hoy está satisfecho con mi labor.

Sin decir más palabras usamos unos hechizos de teletransporte que nos llevaron a Gludio y de allí acabamos en Dion.

~FIN~
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Feb. 22nd, 2006

Zorros

Sangre y Fuego

Podía sentirlo fluir por su interior. Cada mirada, cada murmullo. Todo era una ofensa para él. Su brazo cubierto de escamas no le hacía el más popular entre los humanos. Tampoco lo quería. Prefería evitar a toda esa gente; criaturas que solo vivían para meter sus entrometidas narices en los asuntos de los demás. Juzgaban con la mayor de las ligerezas sin tener en cuenta nada. Se creían con el derecho a hacerlo. Un juicio rápido sin defensa y con un único voto: el del juez.

Era una tortura que debía soportar. Trató de tapar aún más su brazo con la capa con lo que parte de su espadón quedó a la vista. Quizá lo hizo con esa intención. En estos tiempos era lo único que le aseguraba que su pequeño viaje no sufriría percances. El espadón vibró ante la idea de una batalla inminente. Últimamente lo hacía bastante a menudo. Pero, al fin y al cabo, dependía exclusivamente de él. - Mi arma; mi única amante - dijo con escasa ironía.

Los callejones sucios y mugrientos le informaron de que estaba cerca de su destino. Nadie cubría las necesidades de un aventurero portador de la Estirpe Negra. Entre los montones de basura se movían ratas más grandes que los propios gatos. En algunos incluso se podía llegar a ver los huesos de los cadáveres abandonados, quizá víctimas de un delito o quizá vagabundos sin recursos para otorgarse el descanso eterno. La idea de que un día terminaría igual o peor hizo que se le hiciera un nudo en el estómago. Inspiró profundamente.

Se había parado ante un letrero apenas visible tras una gran montaña de estiércol. En otro tiempo ésta había sido una calle de tránsito y todavía algunas de las casas conservaban los letreros de las profesiones de las personas que vivían dentro. En esta casa, por lo poco que se veía en el letrero, perteneció a un prestamista. Probablemente el negocio no fue muy bien para él. Ahora la casa estaba regentada por un tipo de aspecto rudo, calvo y con una barba descuidada y llena de restos de comida. Ni si quiera se molestó en saludar al tipo, no había confianza en ninguna de las partes así que fingir algún tipo de amistad era una estupidez. - Lo de siempre - dijo poniendo un pequeño saco con monedas sobre una mesa. El traficante desapareció por una puerta para volver con un saco que dejó en la mesa. Cuando fue a coger las monedas una mano cubierta de escamas se aferró a su muñeca - Primero abre el saco - le dijo al traficante. Éste retiró la mano de un tirón y, masajeándose la muñeca, abrió el saco. Dentro había lo necesario para no tener que pisar la ciudad durante algún tiempo: yesca y pedernal para el fuego; vendas para las heridas; bayas de Mingo para las mordeduras venenosas; grasa para la armadura...

Continuará...

Jan. 30th, 2006

Zorros

Otra historia de rol

Esta historia la preparamos entre una amiga y yo para un personaje de Exaltados que se iba a hacer. Como no tenía nada mejor que hacer, me puse a ayudarle y la verdad, quedó bastante bien, por eso la rescato de donde estaba y la cuelgo aquí.



Aspecto: Es alto y delgado. Bien formado por la dura vida que lleva, aunque sin llegar a exagerar ni mucho menos. Su piel tiene siempre un tinte dorado muy oscuro debido a las muchas horas que se pasa al aire libre. Tiene una melena larga y rojiza (bueno, un color entre rojo y medio rosado oscuro) que suele a veces tenerlo suelto, aunque en general se hace cola de caballo, o incluso trenzas...a el le da igual como tenerlo siempre que no le estorbe.

Lleva a ratos una mascara que le tapa una parte del rostro (para dar mas misterismo a su figura chamanica xDD) y siempre tiene una sonrisa sarcastica e hiriente en los labios a punto de salir...en todo tipo de situaciones. Sin embargo, es mucho mas normal verlo con los pliegues de tela cubriendole la cabeza y el rostro, protegiendolo del sol abrazador, con sus ojos oscuros y fríos, desapasionados, que no traslucen sentimiento, mirando a través de las telas.

En el rostro solo tiene un tatuaje negro que va desde una mejilla a la otra pasando por la nariz, pero en el resto del cuerpo suele llevar muchas mas pinturas y tatuajes marcando su cuerpo con formas tribales y dándole un mistico aspecto cuando se consigue ver su piel. A diferencia de otros tantos chamanes, no lleva gran cantidad de amuletos y joyas, viendo su uso innecesario e importandole muy poco que le echen el sermón por no tenerlas. Solo lleva un par de colgantes; un colgante con un trozo de pico de una bestia, muy importante para el emocionalmente aunque no valga prácticamente nada, y otro colgante que es un regalo de Ryanna, un sol de piedra plana con un hilo de tela.

Tiene algunos trozos de tela amarrados a los brazos, muñecas y tobillos, y una tiara que esta bastante tapada por el pelo pelirrojo y que a su vez tapa la marca de casta.

Lleva ropas cómodas y adecuadas del desierto. Son de color blanco y lo cubren de la cabeza a los pies contra la luz del sol y del calor. Se apoya en un palo y al cinto lleva una espada corta.

Forma de ser: Introvertido y severo. Muy pocas veces empieza una conversación intrascendente que no tenga que ver con su supervivencia o la del grupo nómada. Taciturno, callado y muchas veces pensativo. Su vida se basa principalmente en la supervivencia y con los únicos seres que se suele relajar y mostrar lo que es…o mejor dicho, lo que fue, es con su amigo, “padre” y mentor, el chamán del grupo nómada, y con Guaire, su leopardo, un compañero incansable de correrías con el que tiene una estrecha relación de amistad.

Historia:

Aridany nació y siempre ha vivido en el Sur. Su lugar de nacimiento fue El Regazo y sus padres se dedicaban especialmente al cultivo, recogida y venta de millo (maíz) y calabazas.

Solo tuvo un hermano, mas pequeño que él, con el que se llevaba como el perro y el gato cuando eran pequeños.

Siempre fue un niño alegre, simpático, amistoso y trabajador, ayudando a sus padres en todo lo posible para efectuar las ventas o intercambio de productos.

Todo cambió un día en el que sus padres, con una caravana de mercancías se tuvieron que adentrar en el desierto para llegar a un punto intermedio donde comerciar con gente de Gema y de paso visitar a unos familiares. Aunque no estaban muy en el interior del desierto fueron atacados por un grupo de salteadores.

El chamán y jefe de un grupo nómada del interior del desierto, mientras estaba en estado de trance tuvo una revelación. En ella aparecía un niño que vagabundeaba por el desierto a una distancia de tres viajes del sol. Entonces el chamán ordena a sus hombres que crucen el desierto siguiendo su dirección durante dos viajes del Sol y busquen a un niño abandonado.

Gracias a que el chamán envía rápidamente a sus hombres a buscar a Aridany y salvarle, consiguen esto último pero no salvar a su familia y las mercancías, ya que los bandidos consiguieron robar la mercancía y en la batalla matar a la mayoría de los hombres del chamán.

Solo vuelve uno de los hombres del chamán con el niño de 7 años en brazos e inconsciente por el cansancio y el dolor de ver la muerte de sus padres y de su hermano menor.

El chamán, al verlo, toma la decisión de hacerlo su aprendiz y empieza a enseñarle los ritos, hierbas y demás conocimientos que todo aprendiz de chamán debería conocer.

Esa época de su vida, a pesar de ser bastante más dura que la que había vivido cuando se criaba en Regazo, fue una de las mejores. Se hizo amigo de otros niños de su edad…y de una niña llamada Ryanna que llego a ser su mejor amiga. Durante años fueron inseparables, siempre estaban juntos ya fuese haciendo labores o jugando, aunque los dos, a pesar de su corta edad, sabían que sentian algo muy fuerte el uno por el otro

Un día de caza como cualquier otro, cuando tenía 15 años, ocurrió el encuentro con el que sería su compañero felino.

Aridany había estado cazando y de vuelta se encontró una madriguera de leopardo. A su espalda escucha un gruñido amenazador y al girarse ve una leopardo preparandose para atacarle, rápidamente, pensando que le ataca por hambre, le tira unos conejos que había cazado con la esperanza de conseguir salir vivo de ahí sin tener que blandir su lanza de caza contra el felino.

Entonces, de pronto y a mucha velocidad, aparece otro ser que se lanza a por los conejos que le había tirado al suelo, un austrech que va a por los conejos para tomarlo como su recompensa. La leopardo, enfurecida por que ese desgraciado le intente robar su comida, se enfrenta a él con la consecuencia de que ella muere y ese bicho queda mal herido por los zarpazos de sus garras. En todo momento se veía como si la leopardo estuviese resguardando una especie de cuevecita y no se alejaba de allí. Medio horrorizado por la muerte del felino, él no quería que el animal acabase así, se lanza contra el austrech y con la lanza lo consigue matar, aunque no sin sufrir algunas heridas a cambio, aunque no fueron graves.

Al acercarse Aridany a buscar a su premio oye un gimoteo… como el llanto de un ser pequeño y se acuerda de lo que estaba haciendo la leopardo. Se acerca al lugar que parecía que protegía mientras sigue oyendo el llanto del cachorro que esta dentro. Saca con mucho cuidado a la cría(aunque este se muestra algo testarudo y receloso en salir) y decide cuidar de él...si lo dejase aquí, sin madre ni nada, seguro que moriria.

Aridany, junto a la cría de leopardo se lleva al bicho muerto como puede hacia donde están los demás y recibe una fiesta en su honor por la valentía demostrada, quedándose como premio el pico del ser.

Pocos días después de la fiesta, Ryanna y él se tuvieron que separar, ya que ella estaba obligada por sus padres a hacerse sacerdotisa, eso daría un gran honor a su tribu. La separación fue realmente dura para los dos y hubo un intercambio de regalos por si acaso nunca más se volviesen a ver…como recuerdo de amistad…y algo más. Ella le entregó un colgante con una piedra plana que era un sol, y él a ella le entregó parte del pico del austrech que había cazado, quedándose con el otro como colgante.
Cinco años después Aridany tuvo que ir a hacer intercambio de mercancía por comida a un pueblo acompañado por unos cuantos más nómadas. Hay un templo…algo que no se suele ver demasiado por aquí, y se estaba llevando a cabo algún tipo de ceremonia. Al felino no se lo había llevado porque seguramente no le permitirían la entrada al lugar, así que lo dejo con el chamán.

En el pueblo,unas jóvenes vestidas totalmente de blanco, con un velo cubriéndole el rostro, pasan por delante de toda la gente reunida. Al fijarse en todas las chicas reconoce a una por su pelo característico, es ella!! Después de cinco años la ha vuelto a ver…

Aridany, lleno de alegría, intenta acercarse a ella para hablarle, pero uno de los guardias que estan alrededor de las futuras sacerdotisas le empuja tirándole al suelo y diciéndole con cara de mala hostia: "nadie puede tocar a las sacerdotisas"

Aridany, bastante enfadado y decidido a verla sea como sea se aleja un tanto con la intención de intentar colarse en el templo por la noche y verla. Tiene que hablar con ella…verla, tocarla,…Al volver a encontrarla ha vuelto a sentir todo lo que sentía en su adolescencia, aunque mucho más profundo incluso. Necesita estar cerca de ella.

Consiguió infiltrarse en el templo hasta llegar a las habitaciones, en ellas habían muchas camas alineadas, él va sigilosamente de cama en cama buscando a su amiga. La llama dulcemente por su nombre y ella al despertarse se sobresalta, por lo cual él le tiene que tapar la boca y enseñarle el collar con el trozito de pico que tiene él. Al verlo ella abre los ojos sorprendida y al momento siguiente esta entre los brazos de él susurrandole que lo ha hechado mucho de menos. Los dos rápidamente se van al exterior para no despertar a las demás chicas. Se van a un lugar algo alejado, teniendo cuidado para que no los vean los guardias, aunque después de vivir con los nómadas del desierto eso sería algo difícil. Cuando encuentran el lugar se ponen a hablar de que han hecho durante esos cinco años y a recordar su infancia. Durante todo el tiempo el, embelesado, observa a la mujer que antes era su mejor amiga, sintiendo con mucha profundidad unos sentimientos que en parte le asustan, y en parte le encantan. Cuando se miran a los ojos él se da cuenta de que sin duda alguna la ama.

Él se acerca a ella, primero tímidamente pero luego más lanzados empiezan a acariciarse, besarse, dándose cuenta de cómo se necesitan el uno al otro. Cuando esta satisfecho el deseo se acurrucan abrazados en el suelo y se quedan dormidos.

A medianoche o así él se despierta solo y ve que a su alrededor quedan algunas ropas suyas y de Ryanna. Se sienta rápidamente para buscarla cuando siente un golpe en la cabeza que lo deja muy aturdido. Luego nota mucho dolor cuando recibe patadas en el estomago, y tumbado en el suelo, tras un velo rojizo de dolor oye como le dicen:

- ¿Qué has hecho?, ¡¡¡esta chica era pura!!!

Ve como uno de ellos (son dos) tiene agarrado fuertemente a Rya, luego al sentir un fuerte dolor pierde la conciencia y acaba en un pozo de negrura.

Cuando vuelve a despertar ya es por la mañana y se oye el bullicio de la gente más ensordecedor de lo normal. Muy angustiado se levanta y corre hacia el sonido y allí, alrededor de toda la gente, hay una estaca y varios troncos en la parte baja. Se da cuenta de que los dos guardias de anoche tienen a Ryana con las manos amarradas por una cuerda y una cinta tapándole la boca. La atan a la estaca mientras un viejo clérigo empieza a orar diciendo no se qué de salvar su alma por medio de la purificación del fuego.

Aridany empieza a dirigirse lo más rapidamente posible entre el gentío hacia ella, pero varios guardias lo detienen y le hacen doblarse de dolor al pegarle un fuerte puñetazo en el estómago.

Entre lágrimas de dolor y de puro horror ve como la antorcha cae y los troncos empiezan a arder… escucha los gritos aterrorizados de ella y ve como su mirada esta fija en la de él, intenta de nuevo llegar hasta ella con un rugido desesperado y usando toda la fuerza posible, pero una vez más los guardias le detienen y le golpean con la empuñadura de la espada, dejándolo inconsciente.

Despierta cuando ya todo ha pasado… solo se ve la estaca negra por el fuego, pero no el cuerpo ni nada. Uno de los que lo acompañaron al lugar se había encargado de llevarlo algo alejado del lugar, a la sombra, y le dice que ya la han enterrado.

La mano de Aridany agarra con fuerza el collar que le regalo ella y llora sin poder contenerse mientras el otro chico intenta consolarle diciendo que él también la había reconocido, enseñándole el collar de ella con la otra parte del pico que los guardias habían tirado al suelo por orden del clérigo antes de que ella muriese.

Aridany y el otro chico visitan la roca que se ha cogido como lápida de Ryanna y tras dejar entre lagrimas el collar de ella en su tumba, agarrando con fuerza el suyo, se seca las lagrimas, intentando ser fuerte y valiente como le enseñaron en su pueblo.

De vuelta a casa sufre una gran depresión por el dolor que siente en su interior…y cierto grado de culpabilidad. Si él no hubiese ido esa noche…

Al llegar, el chamán muy preocupado por el estado de su ahijado se ocupa rápidamente de él e intenta salvarle la vida usando todo lo que sabe sobre curación, pero aún así Aridany pasa una semana en cama prácticamente en estado de shock

Un día, sin saber por qué ni sentir nada raro, siente que la calma ha entrado en él, ya no volvería a ser el mismo de antes por el gran dolor que sufría al recordar lo que había pasado, pero sabía que tenía que seguir hacia delante…había algo….Algo le empujaba a seguir sobreviviendo. Quizás era el instinto de supervivencia…quizás algo más…pero estaba ahí.

Ha pasado un año desde que murió Ryanna (causa de la exaltación ) y lo que busca es sobrevivir a toda costa, aunque cierta pequeña parte de él quiera casi lo contrario. Muy pocas veces se rinde ante algo y se muestra muy testarudo hasta conseguir lo que quiere. Aunque ante todo evita formar lazos sólidos con alguien a parte de el chamán, Guaire (el leopardo con el que tiene gran conexión) y poco más. Dedicándose a avanzar cada vez que se vaya a cambiar de terreno y estudiar la zona con la compañía de Guaire, alejarse de la multitud para sentirse a gusto y pensar con claridad.

~FIN~

Jan. 11th, 2006

Zorros

Nada

El viento susurra a través de las paredes, murmulla con su voz atronadora, arrancando la tranquilidad de mis pensamientos. Anima a uno de ellos a elevarse por encima de los demás.

La tierra flota en el aire, lo puedo notar en mi nariz, siempre lo noto cuando se aproxima. El pensamiento se transforma en preocupación. Hago cálculos; cada vez queda menos tiempo. No importa, ¿qué más da? ahora solo quiero dormir y olvidar. Durante el largo trayecto mi mente fluye a través de una ventana; navega por encima de un paisaje triste y oscuro. El sol apenas da señales de su existencia y lo que queda de la noche todavía se resiste a marcharse. Me subo el cuello de la chaqueta. El frío viento se filtra a través de mis ropas, incluso de todo mi ser. Me siento atravesado por él, acosado por una sensación desgarradora. Aún así, no tengo otra opción.

Por el oscuro camino se acerca una luz. Brilla con luz tenue pero eso no la hace menos agradable. La recibo con júbilo por dentro, ya que por fuera el constante frío sigue azotando todo mi ser. Un descanso. Solo físico. El cerebro sigue sintiendo ese frío, esa ausencia de toda tranquilidad. Tranquilidad que irónicamente será la noche la que la proporcione.

Llegan más imágenes. Esta vez despiertan sentimientos. Algo en mi interior se retuerce como una víbora sobre si misma. Las preguntas sin respuestas son apartadas con fuerza, una fuerza inestable que durará poco, pero que servirá para concederme unos preciados segundos donde sentirme libre. Escapo de las garras de la tortura, corro cuanto puedo en cualquier dirección. Las imágenes fluyen más rápido. Una tras otra van quedando atrás. En la meta, nada se ve, solo el destino conoce la respuesta. Sigo. Lucho por llegar. Algo me atrapa y caigo. Me retuerzo para liberarme. Lo consigo. Solo un poco más, solo unos segundos más. Me levanto con esfuerzo pero con decisión. Sigo corriendo. El viento azota mi cara con sus látigos invisibles. Se opone a mí, quiere verme caer. Lucho contra todo. Busco energía de lo más profundo de mi ser. El camino desaparece. Corro sobre la nada. Solo existe una única dirección. Solo un único pensamiento.

Una luz. Esta vez grande y poderosa. Debo llegar. Está ahí, lo sé, aquello que ansío. Solo unos pasos más. El viento cada vez es más fuerte. El sonido de las garras rasgando mis ropas me hiela la sangre. Pero debo continuar. Salto. Me estiro más allá de lo imposible, tratando de alcanzar la luz. El viento vuelve a jugar en mi contra. Arremete contra mí alejando mis dedos de los escasos centímetros que me separaban de la luz. Escucho el lamento. Lo que era todo se convierte en nada. Oscuridad y vacío se fusionan como el viento y la tierra. Todo vuelve a ser lo que era. Nada a cambiado. Todo sigue igual.

~FIN~
Zorros

September 2006

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